viernes, 22 de abril de 2011

Mahoma

Para saber cómo fue la vida del último profeta del Islam tenemos que buscar información en las fuentes árabes, gracias a las cuales conocemos cómo vivió Mahoma y cómo nació el Islam. Estas fuentes son el Corán, los hadices y la biografía escrita por Ibn Ishaq en el s. VIII.
Mahoma nació aproximadamente en el año 570 d. C. en la ciudad de Meca. Siendo todavía un niño quedó huérfano y fue a vivir con su abuelo, pero pronto éste también murió y entonces del pequeño se ocupó su tío Abu Talib.
Abu Talib era comerciante de caravanas por lo que Mahoma se educó en el desierto y aprendió los valores de las tribus beduinas: la generosidad, el respeto, la unidad… fue instruido además en las armas, pues vivió en una época donde las luchas por agua eran habituales, pero además cultivó el arte de hablar, ya que eran muy populares los poetas, que transmitían las historias de las tribus oralmente.
Aprendió asimismo el oficio de comerciante, gracias al cual conoció a Jadiya, una mujer viuda, rica y mayor que él. Ella le ofreció un trabajo en su caravana, y poco después surgió el amor y se casaron. La figura de Jadiya es de gran importancia, pues que Mahoma se enamorase de una mujer que ya había estado casada y que era dueña de una caravana deja entrever la postura del Profeta en cuanto a la situación de las mujeres. A Mahoma le gustó una mujer decidida, con poder, trabajadora, fuerte y autosuficiente. Una mujer con más experiencia que él, que sin duda le enseñó mucho sobre la vida. Una mujer a la que respetó siempre y que fue su mejor compañera.
No hay duda de que los viajes realizados por Mahoma en la caravana le llevaron a conocer las ideas y culturas de otros territorios. Ideas fundamentales, como la del monoteísmo, que nació en el Creciente Fértil y que sin duda daba de qué hablar.
Mahoma era un hombre profundo, al que le gustaba pensar en los por qué de la vida. Solía retirarse a meditar y así fue como un día, recogido en una cueva, recibió la visita del ángel Gabriel, el enviado de Dios. Y el mensaje básico que se le reveló es que sólo hay un Dios y que todos somos iguales para Él.
El Profeta corrió a contárselo a su familia, Jadiya y Abu Talib, quienes conociendo la seriedad y el razocinio de Mahoma, no dudaron en convertirse en los primeros musulmanes de la Historia, y lo ayudaron en su labor de transmitir el Islam. Durante toda su vida Mahoma continuó recibiendo revelaciones de Dios, las cuales serían puestas por escrito mucho tiempo después de su muerte, conformando el Corán que hoy conocemos.
Tuvo que huir en el año 622, perseguido por aquellos que veían peligrar su poder a causa del Islam. Se fue a Yathrib, que desde entonces sería conocida como la Ciudad del Profeta: Medina. Sin embargo nunca desistió de la idea de volver a Meca, pues allí estaba la casa de Dios, el santuario de la Kaaba. Por aquel entonces la Kaaba estaba llena de piedras que simbolizaban los ídolos de los politeístas, y Mahoma no podía permitirlo.
Una y otra vez el Profeta y su grupo de musulmanes lucharon contra los mequíes, pero eran pocos hombres y no conseguían llegar a la ciudad. Sin embargo, en el año 624 tuvo lugar la Batalla de Badr, en la cual derrotaron a un numeroso ejército lo que sorprendió a todo el mundo. Un reducido número de musulmanes sólo podía salir victorioso de una batalla así con la ayuda de Dios, por lo que una gran cantidad de personas se convirtieron al Islam, convencidas de que Mahoma realmente contaba con el apoyo de Dios.
En el año 630, la creciente umma consiguió entrar en la ciudad de Meca. Mahoma se dirigió a la Kaaba y destruyó todos los ídolos de los paganos, dejando solamente dentro la Piedra Negra.
Dos años más tarde murió el Profeta. Fue enterrado de manera humilde, pues nadie debe venerar su tumba como si de un dios se tratase. El Islam ya era imparable y siguió extendiéndose por la faz de la tierra.